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El que necesita un beso
ni lo aplaza ni lo olvida,
que no es tan larga la vida
ni mis labios quieren eso.

Que no me llegan los días
para alcanzar tu sonrisa.
De la mitad de tu prisa
véndeme la parte mía.

De lo poco que me guardo,
de entre lo poco que queda,
pasa por casa y te llevas
este fuego en el que ardo.

De mi espalda, solo huesos.
De mi piel ya ni el perfume.
Mi boca ya no presume
de haberte robado besos.

Quédate las noches rotas
y las mañanas de hastío.
Yo me quedo con lo mío,
y brindo por la derrota.

LA GRANADA NAZARÍ

En los patios de la Alhambra
el agua canta una nana.
Luna mora, tú que estás
iluminando sus fuentes,
dime que no te enamoras.

Luna mora de Boabdil,
¿de dónde nace tu magia,
que la pena me evapora?

Luna gitana, la albayzinera,
ven y derrama tu luz
de Alhacaba a la Carrera.

Luna de los granaínos,
vístete de gitana.
Luna, alumbra las murallas
y enciende la magia mora
de calles, puentes y plazas.

Luna de raza lorquiana,
con tu boca nazarí
ven y acaricia a Granada.

AQUELARRE

Las brujas del aquelarre

danzan al vaivén del fuego

y se levantan las faldas.

Está la noche que arde

y se sueltan la melena

para cubrir sus espaldas.

Está la noche encendida.

Nadie escapa de su magia.

Magia negra, magia blanca,

embrujos, amarres, zambras.

Hoy es noche de aquelarre

en los bosques de la Alhambra.

FRÍO

Cada noche me siento en mi esquina preferida del cuarto.

Desde aquí puedo olerte.
Te observo mientras duermes.

Te acaricio con cuidado el pelo

para no despertarte.

Sé que te doy frío

porque veo si me acerco

que te hundes en la manta.

Todavía llevas la alianza puesta

pero en esta cama nuestra

ya no amanezco contigo.

Nunca pensé que estar muerta

llegara a dolerme tanto.

Me das tu mano. Sonrío.
No miras, pero me ves.
Y pienso “Ojalá que estés
cuando diga de hacer frío”.

Te tengo, como quien sueña,
con miedo de despertarme.
Sin acuerdo de desarme
traigo mi cuerpo a tu guerra.

Te pienso cuando no estás.
Me ato las manos.
Me coso la boca.

Me ganan las ganas.
Y se me olvida pasar,
… y me descolocas.

Voy más allá del intento
de quitarte sueño y sed.

Miro tus ojos. Ya entiendo
porqué me gusta el café …

NANA EN FLOR

Tiene mi niño una cuna
hecha con olas del mar
para que mire la luna.

Tiene mi niño su cara
blanca como el azahar.
Bonita como ninguna.

Tiene entre sus manos tiernas
la vida y la libertad.
Y juega a que me despeina.

Tiene mi niño dos alas
dibujadas con colores.

Tiene mi niño mil flores
para pasar este otoño
y cien primaveras más.

En las manos de su madre
tiene un ángel de la guarda.

Tiene mi niño la luz
y el mar bajo las pestañas.

ARENA POR SAL

Te cambio la luna nueva
por una luna a estrenar.
Te cambio arena por sal.

Te cambio tus sueños rotos
por un amanecer de otoño.
Te cambio el color del mar
por el café de tus ojos.

Tus manos firmes te las cambio por mi cuerpo;
tus pasos, por mi rumbo; mi estribo, por tu sombrero.

Te cambio la luz del día,
cuando se nubla en enero,
por churros con chocolate.
Tu vino dulce y tu pan
te los cambio por mis besos.

Te cambio las grietas de tu coraza
por el hilo con que coso
jazmines en tus manteles.

Cambio tus ganas gastadas
por cualquiera de mis ganas.

Te cambio la sopa fría
por bizcocho de canela;
tu soledad por la mía,
mi alegría por la nuestra.

Cambio el ruido de la calle
por una siesta contigo.

Cambio mis tacones
por tu delantal,
mi patio por tu escalera,
mi almohada por cualquiera
de los cojines de tu sofá.

Cambio tu insomnio por un té de menta,
tu inquietud por mi sosiego,
tu caminito de piedras
por una orilla del río
donde me siento y meriendo.

Cambio mis anillos de mano,
y me cambio el corazón de sitio si tú lo quieres más cerca.

Cambio mi calle por tu casa.
Traigo leña para tu chimenea,
de cuando fui árbol caído.

Cambio mi llave por tu puerta.
Traigo cerveza,
y un ojalá-siempre-me-quites-el-frío.
Cambio todo lo que soy,
por lo que tú haces que sea.

Te cambio un beso por otro.
Te cambio lo que no te han dicho
por lo que gritan mis ojos.

Te cambio tu amor herido,
por uno roto y descosido
listo para estrenar.

EL POETA

Un poeta

es un silencio escandaloso

que salta por los tejados.

Sabe que cada suspiro

es como el cubo que baja al pozo.

Dice el poeta que no hay borrador,

que su alma quiere parir sin anestesia.

Su boca calla, y escribe.

Sus ojos lloran, y rima.

Yo soy poeta en tu lecho

cuando me abres los brazos.

Y ya no quiero más

ser poeta de paso.

Cuántos versos habré puesto

en la comisura de tus labios.

Cuánto amor te habré versado…

Soy mi propio lobo.

Me pongo mi capa roja,

me espero agazapada

y me salgo al paso.

Me muerdo,

me hago trizas con mis propios dientes.

Sufro, sangro, lloro.

Pero sigo desgarrando mi carne

como lo que soy:

mi propio lobo.

Soy mi propio lobo.

Soy la risa de la hiena.

Perfumo y ordeno todos mis miedos

y me los sirvo de cena.

Nazco en mi bosque

y muero en mis venas.

Y cuánto más fría es la noche

más pesa mi calavera.

Abrir los ojos y ver

que el día que tengo enfrente

viene como una condena.

Que me tiembla hasta la voz.

Que se me doblan las piernas.

Me tatúo un girasol

para sentir un dolor

que por una vez yo elijo.

Cuento mis pasos y creo,

por más que me pese el cielo,

que otra vez te gano yo.