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Archive for 27 abril 2012

En un día como hoy

¿Qué estaba haciendo yo tal día como hoy hace seis años?

En el recuerdo me veo entre gente muy amable que sólo pretendían que todo saliera bién, todos pendientes de un latido.

Una luz tenue por la ventana, un día de primavera agradecido.

Todo tal y como estaba previsto, y mi cuerpo maquinando. Poniendo en marcha el milagro.

Fueron muchas horas de espera desesperada, largos paseos por un pasillo transitado apenas por alguna enfermera, intentando calmar los nervios para hacer más fácil el trabajo de los profesionales, y el mío propio, que me quedaba aún por hacer.

Con todas las ganas puestas, con la ilusión de un sueño cumplido, aferrada una mano que siempre está ahí.

Todo pasó muy deprisa, aunque a la vez pareciera que son instantes eternos. Será que así los conserva el alma, inalterables al paso del tiempo, como una copia de seguridad grabada a fuego en el corazón.

Creo que mi vida entera cobra sentido en un solo segundo. El mundo se para mientras mi respiración se agita. Mis ojos se llenan de luz, de su luz. La habitación se impregna de su olor, y mi vida cambia para siempre.

Ahora si. Ya se que lo querré mientras viva. Hace apenas unos segundos que lo conozco y ya se que nos queremos.

Ha nacido. Y llora para demostrar al mundo que sí, que viene con fuerzas.

Yo también lloro, pero son lágrimas dulces, las más dulces que puede derramar una madre.

Adrián, Feliz Cumpleaños cariño mio…

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Gracias, Granada

No tengo muy claro si el monje nace o se hace. Quiero pensar que se hace, que las personas somos capaces de formarnos en determinados valores, que la calidad humana se puede moldear.

 

Cuán importante es saber valorar lo que de verdad importa en la vida. Y no hablo ya de los grandes bienes de cualquier persona (la salud, la familia, el trabajo…) No es una cuestión de mero bienestar. Hablo de unirse ante las dificultades, de sacar fuerzas ante la adversidad, de hacer piña.

 

Esto me vale para muchos ámbitos de la vida, pero en este momento estoy pensando en aquellos que han estado ahí, a las duras, a las duras, a las duras… y por fín a las maduras. Si… la Afición (permitidme las mayúsculas) del Granada FC.

 

Con seguridad que el equipo está donde está, donde debe estar, en la categoría reina, por méritos propios; pero qué duda cabe que cuando uno cae no se hace el mismo daño si cae en blando, si una voz te grita “arriba”, y digo una voz, que es lo que ha conseguido ser esta afición.

 

No en vano una de nuestras queridas peñas granadinistas se llama “Los Filipinos del Graná” haciendo honor y memoria a los famosos “ültimos de Filipinas”, que resistieron estoicamente en el sitio de Baler. Su Baler ha sido primero el Estadio Los Cármenes, hoy reconvertido en una bonita plaza, y el actual “Nuevo Los Cármenes”, su bastión y cuartel general, aunque bien saben enviar avanzadillas allí donde su equipo se la juega.

 

Saben llegar a cada rincón de la extensa geografía española, tras muchas horas de autocar en muchos casos, y siempre con el corazón dispuesto para que la grada se vista de rojo y blanco, para que la voz suene en rojo y blanco.

 

Todos queríamos un equipo en primera, pues ahí está. Pero es que esta afición ha estado siempre en primera.

 

Una vez más, Granada tiene motivos para sentirse orgullosa frente al mundo.

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Respira

Mirando al cielo, tranquila,

se me antoja que la vida

es como un pájaro al vuelo.

 

Es río bravo y sereno

que acelera y pone freno

según venga la corriente.

 

Si se escapan los detalles

como un gato por dos calles

no se disfrutan los días.

 

Si la noche viene fría

sal al balcón y respira

que se te refresque el alma.

 

Mantén la vida y la calma.

Mantén la luz encendida.

Presta tu voz y tu espalda.

 

Párate un moneto y mira

cómo la tarde delira

cuando la acaricia el viento.

 

Detén el paso un momento

… eso que oyes es la Vida.

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Cualquier día la pierdo. Tanta tecnología a nuestro alcance, artilugios de última generación, redes sociales, nubes y demás… y yo sigo anotando citas en mi agenda de papel. Esa que cubre el año natural y tiene santoral y los festivos marcados en rojo. Me gustan los clásicos: el tacto de las hojas y el trazo que marca una hora y un evento en una página nueva de mi sufrida agenda.

La necesito. Pero no soy directiva de una gran empresa, ni profesora de la Universidad, ni la mujer del alcalde… soy madre.Y mis dos criaturas, de 5 y 8 años, tienen vida social. Tanta, que llega a absorver la tuya propia. De hecho, pierdes el nombre para convertirte en “la mamá de”. Los contactos del móvil ahora son: dentista, pediatra y, a partir de ahí, mamá de Edu, mamá de Elena, mamá de María, mamá de Santi…

Ahora eso si, podría relatar de memoria, como si se tratase de la lista de los reyes godos (ya dije antes que soy de las antíguas), el calendario vacunal, todos los tipos de virus y sus periodos de incubación e incluso qué Pokemon evolucionan y cuáles no..

Pero tiene sus ventajas. Puedo volver a hacer trabajos manuales con plastilina. Y ya voy por el tema 12 de “Cono”. Ya hemos repasado el Sistema Solar, el ciclo del agua y la reproducción de los reptiles.

Además, hay cosas que no tienen precio. Si unos macarrones valen un “Eres la mejor madre que tengo”, merece la pena cambiar las cenas romáticas por cangreburguer y “Vacaciones en Roma” por “Los pingüinos de Madagascar”.

También tengo mi momento, que el día es muy largo. Después del trabajo, los deberes, las duchas, las cenas y el auténtico ritual que supone la hora de acostar a los dos angelitos, llega la paz. Ahora si, apago el teléfono, el mando a distancia está libre, la luz tenue, mi marido y yo solos, y ocurre lo inevitable… me quedo dormida en el sofá.

 

 

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