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Archive for 21 febrero 2017

Al pedir que no te quiera
te equivocas de enemigo.
No vengo a quemar tu aldea.

Mis ojos, si  no te vieran,
serían carne de olvido,
ardiendo como una tea.

No quieras que no te sueñe.
No vengo a ser pesadilla,
ni cicatriz, ni mal paso.

No lo intentes, no te empeñes.
Que mis pies saben ser silla
por si a la mitad me canso.

Seca tus alas al viento,
saca del saco tu risa,
moja tus pies en el río.

No mueras en el intento,
no te vendas a la prisa.
Desabrocha mi camisa
y haz tuyo lo que ahora es mío.

 

 

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Los tomates ya no saben como los de antes. Y al amor le pasa igual.

Queremos que nos cuiden, desde lejos. Que nos tengan en cuenta, sin pisarnos lo fregado. Que nos echen de menos, sin sentirnos culpables, y que nos quieran, pero sin decirlo.

Por cuidarnos de las sombras, no nos llega la luz. Por blindarnos ante las balas, nos perdemos los besos. Y por no sufrir, preferimos no arriesgar.

No hay derrota más triste, cuando te resignas a tener el corazón oscuro, a estar siempre amordazando sentimientos.

Porque hay besos que desordenan el alma, hay andares que iluminan la calle desde lejos, hay ojos en los que quedarse a soñar, y nos los estamos perdiendo.

Y al final de nuestros días tendremos la piel arrugada, de haber vivido, y el corazón roto sin estrenar, de no haber sabido vivir.

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El Amor es otra cosa

El Amor no es ciego, ni duele, ni pesa, ni pisa, ni posa. No necesita aplausos, ni bises. No presume, no cela ni desconfía. Pero marca. Vaya si marca …

Que donde más quise, más me hirieron. Y cuando más puse, más perdí.

Y ni así me rindo.

Por suerte estos ojos, de haber llorado, guardan el brillo. Ese que ves cuando los miras.
Y mis manos, de clamar al cielo, han aprendido a entrelazarse con las tuyas.

Sé que mis piernas, a base de sostenerme, se saben con suerte cuando las anudo a tu cintura. Hasta mi sonrisa es fiel a ti, incluso cuando no estás, en ese último minuto de cualquier domingo.

No tengo ya un corazón quinceañero que darte, por suerte para los dos. No me mata el amor, porque he aprendido a quererme, y allano el camino que te trae a mí, con la paciencia de quien busca oro en el río.

No soy la reina en tu jardín de rosas. Me basta con que sonrías cuando esta noche te acuestes y tu almohada aún huela a mí.

No te pido la Luna, porque ya la veo cada vez que te miro. No quiero los amaneceres del resto de tu vida. No paro el tiempo cuando estoy contigo; prefiero mil veces contar cada segundo que pasa, y marcarlo en tu piel.

No soy tuya, porque me necesito entera para ti.
No eres mío, como el agua no es del mar.

Ya sé que no aprendí a besar en tu boca, pero quiero estrenar contigo cada uno de los besos que me queden por darte.

Que mi piel ya sabe de batallas, de arañazos y balas. Y aún así guarda rincones sin explorar para cuando quieran tus manos.

Abre.

 

 

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